Por Agus el Elefante | Revista Canal Horeca https://www.instagram.com/agus.el.elefante/
Hay encuentros que uno espera todo el año. En mi caso, Espacio Food & Service tiene un lugar especial: he estado presente desde su primera edición y no he faltado a ninguna. He visto cómo ha crecido con el tiempo, cómo sumó nuevas voces, sabores y tecnologías, y cómo pasó de ser una cita prometedora a convertirse en uno de los grandes puntos de encuentro de la industria alimentaria y es por eso que, cada vez que vuelvo, no siento que visite una feria cualquiera: siento que regreso a una historia que también he visto construirse.
Este 2026, del 29 de septiembre al 1 de octubre, Espacio Riesco volvió a llenarse de aromas, conversaciones y descubrimientos, fue la decimocuarta edición, la cual convocó a 50.817 visitantes, pero más allá de las cifras, lo que me emocionó fue comprobar cuánto ha evolucionado este encuentro sin perder su capacidad de sorprenderme.
Desde mis pequeños pasos de elefante lo más interesante estaba en los detalles como una conversación espontánea, una degustación inesperada, una idea que podía transformar una cocina, recorrí pabellones donde convivían productores, emprendedores, grandes marcas, distribuidores y especialistas del mundo Horeca, se podía encontrar de todo tipo de alimentos, bebidas, equipamiento industrial, maquinaria, envases, servicios y tecnologías que muestran cuánto ocurre detrás de una cocina, una cafetería o un restaurante, cada stand abría una conversación distinta de sobre cómo mejorar procesos, presentar productos o responder a consumidores cada vez más curiosos.
Francia este año fue el país invitado de honor y la Región del Maule, como región invitada, aportaron perspectivas diferentes y complementarias, intercambio internacional e identidad territorial y entre degustaciones, lanzamientos y demostraciones, me encontré también con unas hermosas escultura en hielo y me detuve a contemplarla ya que era delicada, efímera y sorprendente, un recordatorio de que la gastronomía también puede ser arte para mirar, no solo para saborear.
Los concursos y reconocimientos dieron todavía más vida a los pasillos, como la competencia por la Mejor Marraqueta, Cheesemonger, la Copa Culinaria Carozzi y los Premios Fuego celebraron oficios, conocimientos y creatividad, y a mi me gusta ver ese entusiasmo! Ya que detrás de cada premio hay personas que llevan años perfeccionando lo que hacen.
Si algo me ha enseñado asistir a todas las ediciones es que una feria no crece únicamente en metros cuadrados o número de expositores, sino que crece también en las relaciones que se forman y se renuevan año tras año.
Esta vez pude compartir con Heinz Wuth, de Soy Ciencia y Cocina, que nos invita a entender lo que sucede en nuestras preparaciones desde la ciencia, también con mi querido Don Pascual, sommelier y divulgador gastronómico que nos invita a afinar los sentidos y mirar incluso los sabores cotidianos con curiosidad.
Aunque uno de los momentos más especiales fue reencontrarme con Daniela Salvador, directora de Revista Canal Horeca, quien ha sido parte importante de mi camino en este mundo gastronómico, compartir con ella en un espacio donde convergen tantas historias fue una bonita manera de recordar cuánto hemos aprendido y todo lo que todavía queda por descubrir, también tuve la alegría de coincidir con Alejandro Mery, de 800.cl, plataforma que nos invita a conocer y valorar distintas propuestas gastronómicas. Fue otro de esos encuentros que demuestran cómo la comunicación y la gastronomía pueden caminar de la mano.
Además tuve nuevamente el placer de conversar y compartir con Andrés Ilabaca, director comercial de Espacio Food & Service y con Alejandro, mi gran amigo de Recomiendo Chile. Entre fotografías, saludos y conversaciones, recordé por qué espero tanto esta cita: aquí las ideas se cruzan con personas que comparten la misma pasión y sí, me regalonearon muchísimas cositas, volví con sillitas, bebidas, comidas, muestras y otros regalitos de distintas marcas. Pero lo que más atesoro no ocupa espacio en la maleta: las historias, la generosidad, el cariño, el reconocimiento y el tiempo que tantos dedicaron a conversar conmigo.
Esta edición también invitó a mirar hacia adelante. Se habló de inteligencia artificial, nuevas tecnologías, sostenibilidad y eficiencia, asuntos que ya forman parte de la vida cotidiana de los negocios gastronómicos, sin embargo la innovación no reemplaza el cariño de una buena atención ni el sabor de una receta con historia; puede ayudar a que ambos lleguen más lejos ya que hoy el consumidor quiere saber qué está probando, de dónde viene, cómo se produce y qué experiencia hay detrás y por eso me resultó tan valioso ver reunidos a pequeños emprendimientos y grandes empresas, cada uno con sus desafíos, compartiendo un mismo espacio porque la industria no crece solamente cuando vende más, también crece cuando escucha, aprende y colabora.
Me fui feliz, con la trompa llena de sabores, nuevas ideas y recuerdos, es increíble pensar que he visto crecer esta feria desde el comienzo y todavía consigue sorprenderme y tal vez ese sea su mayor mérito, lograr que alguien que nunca se ha perdido una edición siga esperando la próxima con la misma ilusión de la primera ya que Espacio Food & Service volvió a dejar la vara muy alta por la diversidad de su propuesta, la calidad de sus encuentros y la energía de quienes hacen posible esta gran comunidad gastronómica.
Y mientras guardaba mis últimos regalitos pensé que, después de todo, eso es lo que más me gusta de salir a explorar, volver con una historia que merezca ser contada.
Nos vemos en la próxima aventura, ¡con la trompa lista para descubrir!
Octubre 2026











