La edición 2026 de The World’s 50 Best Restaurants reconoce la presencia latinoamericana y vuelve a situar a Chile entre las grandes cocinas del mundo. São Paulo también destaca con propuestas que invitan a reflexionar sobre la importancia del servicio y la hospitalidad.
Por Christian Villalobos | Guía del Vino https://www.instagram.com/dondeviajo/
La gastronomía latinoamericana vuelve a ocupar un lugar destacado en el escenario internacional. La reciente publicación del ranking The World’s 50 Best Restaurants 2026 dejó importantes reconocimientos para nuestra región y una noticia especialmente significativa para Chile: Boragó, el restaurante liderado por el chef Rodolfo Guzmán, alcanzó el puesto número 22 del mundo, manteniéndose como el único representante nacional dentro de esta selección.
El primer lugar fue para Asador Etxebarri, de España, seguido por Gaggan, de Tailandia, y Alchemist, de Dinamarca. Más allá de los primeros puestos, la clasificación refleja la diversidad de propuestas gastronómicas que hoy representan a Latinoamérica, con cocinas que han logrado proyectar sus territorios, productos y culturas hacia una audiencia internacional.
Boragó: una experiencia conectada con el territorio chileno
Hace algún tiempo tuve la oportunidad de visitar Boragó y conocer de cerca la propuesta gastronómica que Rodolfo Guzmán ha desarrollado durante años. Su cocina tiene una identidad profundamente chilena, construida a partir de la investigación y el rescate de ingredientes provenientes de distintos rincones del país. Cada preparación refleja un trabajo cuidadoso con los productos de temporada, donde los sabores, las texturas y las técnicas contemporáneas permiten descubrir una faceta de nuestra gastronomía que pocas veces encontramos en una mesa.
Recuerdo especialmente el menú de otoño, una propuesta vinculada a las cinco temporadas con las que el restaurante interpreta los ciclos de la naturaleza. Ingredientes como el meli y la tepa, junto con preparaciones como el cordero invertido, formaron parte de una experiencia que me permitió apreciar una cocina con identidad propia, donde la investigación de productos locales y la creatividad tienen un papel fundamental.
Su posición número 22 representa un reconocimiento al trabajo sostenido de Guzmán y de todo su equipo, pero también a una manera de entender la gastronomía chilena desde su biodiversidad, sus productores y su patrimonio alimentario.
Latinoamérica en el ranking mundial
La edición 2026 incorporó a once restaurantes latinoamericanos entre los 50 mejores del mundo. México obtuvo el puesto más alto de la región con Quintonil, ubicado en Ciudad de México, que alcanzó el cuarto lugar mundial. Perú destacó con Kjolle, Mérito y Mayta, mientras Brasil consiguió dos posiciones: Tuju, de São Paulo, en el lugar 16, y Lasai, de Río de Janeiro, en el puesto 25.
Colombia estuvo presente con Celele, de Cartagena, y El Chato, de Bogotá; Ecuador destacó con Nuema, de Quito, mientras Argentina participó con Don Julio, de Buenos Aires. El conjunto da cuenta de una región que sigue ganando visibilidad a través de sus cocineros y sus distintas tradiciones gastronómicas.
São Paulo: la gastronomía también se construye desde la hospitalidad
Mi cercanía con São Paulo, ciudad en la que paso buena parte del año, me ha permitido seguir de cerca su evolución gastronómica. Junto a la revista brasileña Prazeres da Mesa hemos tenido la oportunidad de conocer diversas propuestas, conversar con sus protagonistas y observar cómo se trabaja tanto dentro de las cocinas como en la atención a los comensales.
Uno de los restaurantes que pude conocer este año fue Nelita, ubicado en el barrio de Pinheiros, que aparece en el puesto 54 de la clasificación ampliada. Su chef, Tássia Magalhães, lidera una cocina integrada por mujeres y ha conseguido posicionar su propuesta entre las más reconocidas de Brasil.
Durante mi visita hubo algo que me llamó especialmente la atención: la presencia permanente de Tássia, preocupada de los detalles y del funcionamiento de su restaurante. Esa dedicación, que pude observar personalmente, habla de una manera de entender el oficio que va mucho más allá de elaborar buenos platos. Detrás de una experiencia memorable hay equipos, coordinación, atención y una preocupación constante por quienes llegan a disfrutar de una buena mesa.
El reconocimiento de São Paulo también se refleja en Tuju, que alcanzó el puesto 16 y recibió el premio Art of Hospitality, mientras Evvai se ubicó en la posición 68 de la clasificación ampliada. Son propuestas diferentes, pero forman parte de una ciudad que ha comprendido el valor de invertir tanto en su cocina como en la experiencia que ofrece al visitante.
La buena cocina necesita una hospitalidad a su altura
Después de recorrer numerosos restaurantes en Chile, Brasil y otros destinos, hay una convicción que he ido reforzando con los años: un restaurante puede tener una cocina extraordinaria, pero si el servicio y la hospitalidad no están a la misma altura, la experiencia deja de ser excepcional.
Podemos encontrarnos con una preparación impecable, productos de primera calidad y una presentación sorprendente. Sin embargo, una recepción indiferente, un servicio poco atento o un equipo que no logra transmitir la propuesta gastronómica pueden terminar opacando todo ese trabajo.
La hospitalidad no es un complemento de la cocina. Es parte de ella. Desde el primer saludo hasta la despedida, cada detalle contribuye a construir el recuerdo que el visitante se llevará de ese lugar.
Creo que Chile, y buena parte de Latinoamérica, todavía tienen un desafío importante en esta materia. No basta con contar con excelentes cocineros ni con una despensa privilegiada. También debemos invertir en formación, profesionalizar el servicio, reconocer el trabajo de los equipos de sala y comprender que la atención es tan importante como aquello que llega al plato.
No se trata de imitar modelos extranjeros ni de transformar cada restaurante en un establecimiento de lujo. Se trata de desarrollar una cultura de hospitalidad propia, cercana, profesional y coherente con la calidad de nuestra gastronomía.
El reconocimiento internacional de Boragó confirma que Chile tiene el talento, los productos y la identidad gastronómica para competir entre los mejores del mundo. Pero también nos plantea un desafío como industria: comprender que la excelencia no puede limitarse a lo que ocurre en la cocina. Si queremos posicionar a Chile como un destino gastronómico de nivel internacional, debemos elevar nuestros estándares de servicio y hospitalidad. Porque no basta con tener grandes cocineros y buenos restaurantes; necesitamos que toda la experiencia esté a la altura de aquello que queremos proyectar al mundo.
Noviembre 2026






