En muchas ciudades del sur de Chile, el invierno suele ser sinónimo de persianas bajas, restaurantes cerrados y una economía local que se repliega a la espera de la temporada alta. Pero en Puerto Varas, un grupo de chefs visionarios acompañados por el municipio, decidieron cambiar esa narrativa y lo consiguieron. Demostraron que la gastronomía no solo es placer y cultura, sino también una herramienta capaz de mover la economía, generar empleo y sobre todo, construir identidad.
De esa convicción nació en 2024 el Festival Gastronómico de Invierno de Puerto Varas, una cita que en apenas dos ediciones ha conseguido instalarse como un referente en el calendario nacional e inspirar un modelo de desarrollo turístico sostenible, con el sabor como bandera.
Por Dalma Díaz Pinto
@condalmacomunicaciones
La historia comenzó hace poco más de un año, cuando cocineros locales, reconocidos por su compromiso con los productos del territorio, se unieron con el propósito de crear un espacio que diera visibilidad a la identidad culinaria de Puerto Varas en el sur de Chile. No se trataba únicamente de organizar una feria, sino de ofrecer un proyecto de desarrollo local con visión turística, que incluyera a productores, emprendedores, restaurantes y autoridades en una gran mesa común.
El municipio de Puerto Varas pronto se sumó a la idea, articulando el apoyo público y convocando a aliados estratégicos para darle forma a lo que, en su primera versión, se transformó en un éxito inesperado: más de 12.000 visitantes en 2024, cifras de ventas que sorprendieron incluso a los organizadores y, lo más importante, una comunidad que reconoció el festival como suyo.

de Faro Corona en Ancud, Chiloé.
Leonardo Chacón, es un chef chileno reconocido por su compromiso con el rescate de los productos locales, llevados a la cocina como patrimonio culinario. Tiene 65 años de trayectoria profesional y Puerto Varas es la ciudad donde ha hecho familia. Es uno de los integrantes del grupo donde nació el Festival Gastronómico de Invierno y presidente del jurado del concurso gastronómico que dio origen al evento. Cuenta que esto “comenzó el año pasado con una conversación entre amigos de la zona, mayoritariamente cocineros. Allí acordamos conversar con el Municipio y de una idea, pasamos a un concurso gastronómico para que los restaurantes participaran con sus propuestas de platos siendo obligatorio el uso de 2 o 3 productos locales que están disponibles en la estación de invierno. Jamás pensamos que asistirían más de 12 mil personas en los dos días que duró la feria del festival, pero fue tan buena la convocatoria y el interés de los restaurantes de participar, que definimos tener esta segunda versión que ha sido nuevamente un éxito, lo que nos alegra mucho”, indica.
La segunda versión y los números que hablan
Este año, el desafío fue superar la primera hazaña. Y los resultados demuestran que el camino elegido fue correcto y sólido: 18.000 visitantes en tres días de feria, ventas que alcanzaron los 115 millones de pesos, 18 restaurantes en competencia con menús basados en productos locales y a precios accesibles, además de 14 stands de productores, 8 marcas de bebestibles, 5 puestos dulces y más de 30 empresas participando en la ronda de negocios y en una gira técnica para el sector Horeca.


Las cifras son contundentes, pero lo más relevante es que representan un modelo en el que la gastronomía funciona como motor económico y cultural en temporada baja, cuando más se necesita.
Josefa Palomero, encargada de Desarrollo Económico Local del municipio, explicó que “esta iniciativa busca romper la estacionalidad, reactivar la economía e incluir, vincular y articular a actores que son productores y consumidores, así como restaurantes y hoteles. Generamos cocinas en vivo, cine gastronómico, una ronda de negocios, una gira técnica y tuvimos todo el mes de julio el concurso gastronómico que nos permitió acercar la gastronomía a las personas. Nos alegra mucho ver cómo se hicieron conexiones, negocios, pero también, que los más de 18 mil visitantes vivieron una experiencia que se está incorporando en su agenda natural de invierno, para disfrutar en familia mientras conocen la identidad de nuestra comuna a través de su gastronomía”, precisa.
Una receta para la desestacionalización
El concepto de desestacionalizar el turismo es clave en destinos como Puerto Varas, donde la belleza natural atrae a miles en verano, pero deja calles semivacías en invierno. El festival propone revertir esa lógica: transformar el frío en un aliado, y al invierno en temporada de experiencias auténticas.
Al reunir a restaurantes, hoteles, productores y consumidores en un mismo espacio, el evento demuestra que la gastronomía puede ser un diferenciador turístico tan potente como los paisajes o la hotelería. Y lo hace con un sello propio. La identidad culinaria del sur de Chile, reflejada en ingredientes de estación.
Patricio Rodríguez, propietario del restaurant El Mesón de Puerto Varas, valora el evento. “Esta es una muy buena alternativa para que sobre todo las pequeñas empresas, podamos presentar la variedad de comidas que podemos ofrecer a la gente de Puerto Varas y de sus alrededores. Si hay una próxima versión, de seguro estaremos acá”, manifiesta.
Esteban Morales, chef propietario de Sushi Patagonia Ensenada, se suma a su colega, señalando que “esto es muy bueno para la economía circular de los locatarios y personas que trabajan en este rubro. Esperamos estar el próximo año”, precisa.
Soledad Águila, es parte de las Creadoras de Ralún, un grupo de mujeres emprendedoras del sector rural de Puerto Varas, quien expresó en nombre de esta organización que “estamos muy felices de participar en esta feria del Festival Gastronómico de Invierno, porque es una gran oportunidad de generar ingresos en invierno, que es tan difícil para que produzcamos recursos para nuestras familias”, cuenta.
Lo que viene: un festival con proyección internacional
El Festival Gastronómico de Invierno de Puerto Varas ya no es solo un evento local. Se perfila como una experiencia que puede atraer turistas de todo Chile y del extranjero. Los organizadores no ocultan su ambición. Consideran preparar futuras ediciones con paquetes turísticos que incluyan actividades gastronómicas, visitas a productores y recorridos por el territorio.
La versión que concluyó ahora, dio un paso previo, invitando a organizaciones de otras provincias de la región y también de regiones cercanas.
Marcela Ramos integra la Melga de Chiloé, comunidad que pertenece a Slow Food Chile y Slow Food Internacional. La emprendedora explica que “promovemos el consumo de alimentos buenos, limpios y justos, que tienen que ver con el comercio justo, consumir alimentos locales y de temporada, con producción natural. Además de vender nuestros productos, que es uno de los puntos complejos de nuestra oferta, hemos establecido redes muy bonitas con personas y empresas como restaurantes de Puerto Varas. Esperamos venir en próximas versiones”, expresa.
Orieta Jara, llegó a la Feria desde el sector de Villarrica en la Región de La Araucanía como parte de una red de economías territoriales y solidarias que existe hace 22 años y que abarca también personas de la Región de Los Ríos. “Nos invitaron a este precioso evento gastronómico por toda su infraestructura instalada en medio de un clima de lluvia. Nos parece excelente este intercambio de conocimientos práctico entre regiones, en especial por los alimentos del bosque que es nuestra especialidad, y nos ha gustado mucho ver acá cómo están los procesos de esta temática; ver cómo ponen en valor los productos y cómo es también la reacción del público, incluyendo el vínculo entre las organizaciones que participan”, puntualiza.
Más que sabor, un modelo de gobernanza
Quizás el mayor logro del festival es haber generado un espacio de gobernanza público-privada que articula intereses diversos en torno de un bien común. En un mismo escenario convergen cocineros, productores, autoridades locales, emprendedores y la comunidad, todos conscientes de que la gastronomía puede ser un vehículo de desarrollo.
En tiempos en que muchos festivales gastronómicos se apagan tras su primera edición, Puerto Varas está demostrando que cuando una iniciativa nace desde la comunidad y se gestiona con visión, puede convertirse en una herramienta sostenible de desarrollo económico, turístico y cultural.
Leonardo Chacón es claro a la hora de hacer un balance de las versiones 2024 y 2025 del Festival Gastronómico de Invierno de Puerto Varas. “La cocina es un arte y el arte de cocinar implica conocer el proceso completo de una preparación gastronómica. Los cocineros somos los únicos que tenemos que usar todos los sentidos a la hora de hacer esta magia, aplicando técnicas, conocimiento sobre el producto y nuestra pasión por cocinar, pero la única forma de que esto se convierta en una herramienta de sostenibilidad es la conexión con la comunidad a través de eventos como este Festival Gastronómico de Invierno. De esta forma la comida y la bebida se transforman en patrimonio y la experiencia de sabor con sentido, se lleva hasta el hábito cotidiano de quien vivió la experiencia culinaria. Esa es la filosofía del concurso que dio origen a este festival donde participamos los chefs y también empresas y emprendimientos de gastronomía. Esperamos contar con versiones sucesivas, para que Puerto Varas se posicione como un destino gastronómico con identidad local”, indica.
Como epílogo, el sabor del invierno
Puerto Varas no inventó la pólvora con su festival. Ferias y encuentros gastronómicos existen en todo Chile. Pero aquí se conjugan ingredientes especiales. Una comunidad comprometida, un municipio que acompaña, y un relato que entiende que comer no es solo alimentarse, sino también viajar, conocer, reconocerse y celebrar lo propio.
En el invierno austral, cuando la lluvia arrecia y el frío invita a recogerse, Puerto Varas abre las puertas de su cocina y convierte el sabor en un acto de resistencia, de identidad y de futuro.
Josefa Palomero, encargada de Desarrollo Económico Local de la Municipalidad de Puerto Varas, reflexiona sobre la puesta en valor que proporciona este Festival. «Esta actividad se ha hecho con cariño, persistencia, esfuerzo y cooperación del municipio pero también de diferentes personas e instituciones. Nos ha permitido aportar a mover la economía local y la idea es que siga creciendo como evento, sin perder su esencia original. Nació desde la comunidad y eso expresa que hay una vocación como destino turístico, con la gastronomía sostenible como uno de sus ejes claves de desarrollo. Eso se debe cuidar y cultivar», concluye.




