La experiencia acumulada en la última década refuerza la necesidad de abordar la nutrición y la salud pública con estrategias integrales, basadas en evidencia y orientadas al consumidor.
A diez años de la implementación de la Ley de Etiquetado, la Alianza Latinoamericana de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas (ALAIAB) analizó la evidencia acumulada durante la última década sobre información nutricional, reformulación de productos, comportamiento de compra y evolución de indicadores de salud pública. La experiencia chilena aporta además antecedentes relevantes para los países de América Latina que actualmente discuten o implementan sistemas de etiquetado frontal.
La obesidad continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios en Chile. Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la prevalencia de obesidad pasó de aproximadamente un 10% de la población en 2013 a más de un 30% en 2023, reflejando la complejidad de un fenómeno influenciado por múltiples factores sociales, económicos, culturales y de estilo de vida.
En esta realidad, la evidencia internacional indica que los efectos de los sistemas de etiquetado frontal no son uniformes. Su impacto varía según el diseño de la política, el modelo de perfil nutricional adoptado y el contexto en el que se implementa.
“La experiencia acumulada durante esta década entrega información relevante sobre reformulación de productos, información al consumidor y hábitos de compra. Contar con evidencia disponible permite enriquecer las discusiones regulatorias que actualmente se desarrollan en distintos países de América Latina”, señaló Juliana Cortez, Directora de Asuntos Públicos, Comunicación y Sostenibilidad de ALAIAB.
En Chile, la evidencia muestra reducciones en la proporción de productos con sellos de advertencia en distintas categorías, lo que refleja la capacidad del sector para adaptarse e innovar frente a nuevos marcos regulatorios. Sin embargo, esos avances no han sido homogéneos. Mientras que se observan reducciones relevantes en azúcares y sodio, los cambios en grasas saturadas han sido más acotados, debido a la diversidad de matrices alimentarias y a las distintas complejidades tecnológicas que supone la reformulación de productos.
“La evidencia disponible muestra avances importantes en reformulación e innovación durante los últimos años, pero también confirma que estos procesos presentan distintos niveles de complejidad según el tipo de nutriente y producto. Por eso, resulta clave seguir evaluando las políticas públicas con una mirada técnica, integral y basada en evidencia”, explicó Marcela Rodríguez, Directora de Asuntos Científicos y Regulatorios de ALAIAB.
Para ALAIAB, el debate sobre los próximos pasos debe enfocarse en mejorar la calidad y utilidad de la información que reciben las personas. Esto implica promover sistemas que reflejen mejor los patrones reales de consumo, resulten comprensibles para distintas audiencias y se sustenten en la mejor evidencia científica disponible.
“A diez años de la Ley de Etiquetado, Chile cuenta con antecedentes relevantes para una nueva etapa de conversación regional. La revisión continua de la evidencia permite comprender mejor los avances alcanzados, los desafíos pendientes y las oportunidades de mejora en materia de información nutricional”, concluyó Cortez.
Junio 2026




