María Estela Girardin, periodista y consultora gastronómica. @estela_girardin
La 2da edición del libro «Mujeres en Gastronomía de Chile» @meg.chile lanzado el 19 de marzo en Santiago, me dejó contenta porque de 140 mujeres, pasamos a ser 322 y eso es real. Pero esto no va solo de cifras, bien lo sabemos las mujeres que, a nivel mundial, somos mayoría poblacional pero no estructural.
A mi alegría inicial sobrevino una más prolongada reflexión sobre su pertinencia, su momento y su futuro. ¿Por qué celebramos este hito? Porque nos conecta y nos reúne. A simple vista parece “solo” una recopilación – tipo directorio – de biografías con sus respectivos datos de contacto. Con el esfuerzo que ello exige, y que nunca habíamos hecho en Chile hasta que Blanca García Henche y Erika Salvaj se pusieron a la tarea; el libro ya nos valdría un aplauso. Pero en tiempos donde la información abunda y se corre el riesgo de la dispersión, toda plataforma que reúna y sistematice, es un paso adelante y un eslabón disponible para futuras cadenas productivas. En segundo lugar, MEG Chille tiene datos y va generando archivo. Por lo pronto, aquí hay 322 mujeres de todo Chile de todo espectro socioeconómico y cultural, ampliando la comprensión de la gastronomía a una visión sistémica – cada vez más cercana a la realidad – que no solo incluye a cocineras, sino que a creadoras e impulsoras de negocios gastronómicos; productoras del sector primario; guardianas de las tradiciones de pueblos originarios; mujeres del mar, propietarias y trabajadoras de hostelería; pasteleras y panaderas; mujeres del vino; mujeres del pisco; mujeres del café; mujeres de la cerveza; comunicadoras y fotógrafas; académicas, educadoras y formadoras hasta llegar a las creadoras de artesanía utilitaria. En este paso, también reúne el mundo urbano con el mundo rural, dos categorías en tensión, incluso en lo agroalimentario.
En tercer lugar, no es un libro definitivo y bien que así sea porque no está hecho para cerrar ni concluir. Es primordialmente y sustancialmente – cómo decirlo con mayor énfasis – un libro que abre, rastrea y expande la cocina, su quehacer y su realidad laboral concreta hacia toda la red productiva. Es un libro que abre el mapa de Chile, y si bien la presencia mayoritaria de la Región Metropolitana es innegable, las regiones existen. De esta forma, como el caso de Tarapacá, aunque haya solo una mujer, esa única sabe que existe y que no está sola.
Otro aspecto a destacar y celebrar es que si bien, como libro impreso, es una foto estática del momento, debe leerse como parte de una película, es decir, en movimiento, crecimiento y mejora continua. En ese sentido, se sitúa adecuadamente en una línea de tiempo, con antecedentes anteriores en la historia de Chile, y por supuesto, esperando conversar con otros libros a futuro. De ahí que, haciendo el ejercicio de mirarlo en perspectiva – y excusándome de no ser exhaustiva – esta línea lo hermana con otros libros. Algunos vienen dentro de la línea clásica de gastronomía (en muchos casos hechos para mujeres asumidas solo como dueñas de casa), como el Manual del cocinero práctico. Colección de recetas de guisos de las cocinas francesa, alemana, española, italiana y chilena. Arreglado para uso de las dueñas de casa del país, de Antonia e Isabel Errázuriz del año 1873; La negrita Doddy por Lawe, del año 1911; La hermanita hormiga: tratado de arte culinario con la firma de Marta Brunet y Manual de cocina vegetariana chilena de Lucía Vergara Díaz de Smith, ambos editados en 1931; La buena mesa de Olga Budge del año 1935; Puerto Varas a la hora de once de Marina Roa de Berner de 1989; La buena mano de Lucía Santa Cruz del año 1998; los calendarios con recetas de las abuelas editados entre 2012 y 2015 por Erika Klein en Puerto Varas; Reina Palta de Paty Aguilera y Antonia Cafati del 2015; La olla creativa editado por Pilar Hurtado en 2021; 100 años de la repostería alemana de Alejandra Doepking editado en 2022; ó Quinoa, sabores de estación, de Sol Fliman salido el 2025. Pero el libro MEG Chile va más allá y se puede vincular con ediciones del mundo agroproductivo como Mujeres navegantes y de orilla del Centro UC – CAPES publicado en 2020; del mundo académico – histórico-patrimonial como La olla deleitosa de Sonia Montesino del 2005; Paimuri Cocina de Montserrat Brandan del año 2015; Patrimonio vitivinícola: Aproximaciones a la cultura del vino en Chile de Ediciones Biblioteca Nacional de Chile del 2015; Cocinas, alimentos y símbolos. Estado del arte del patrimonio culinario en Chile del año 2017; con Las cien primeras editado por Eugenia Díaz Aedo en 2024 y el Reporte Cómo están las mujeres del vino en Chile editado por MUV – Mujeres del Vino – en 2025.
En esta línea donde lo importante ha sido difundir e innovar, cómo no incorporar medios no impresos como los podcasts De tinto en blanco de Katherine Hidalgo y Vinos con Mary Pepa de María Paz Jiménez, ambos vigentes desde el 2025; o incluso Manda Fruta, podcast de mi propia producción donde el viaje por Chile se entiende con la gastronomía. En esta conversación, también incluiría iniciativas basadas en encuentros – conversaciones como Maestras del Sabor impulsadas por ACHIGA y otras recientes como Chile te Quiero Comer y el Día de la Gastronomía Mapuche donde no es que se busquen temáticas femeninas, sino que la mujer, desde la huertera hasta la organizadora del encuentro, está porque siempre ha estado.
Ahora bien, la alegría no me ciega. Un libro impreso en 2025 con casi 370 páginas corre el riesgo de seguir el mismo formato y crecer cual dinosaurio hasta las mil páginas. Lo digo con conocimiento cercano de que ya debe haber al menos 40 mujeres en lista de “espera” de ser incluidas en una próxima edición. Y por supuesto, todas entrarán porque somos muchas más. ¿Pero cuál es el futuro de una recopilación como MEG Chile? Esa es la pregunta que seguramente las autoras, ambas provenientes del mundo académico, están ya intentando resolver. Quizá el futuro está en Matria – MEG, una plataforma comercial que forma comunidad y que se constituye a fines de 2024. Es liderada por Carmen Ariztía, Juana Muzard y Annie Mellon con el objetivo de visibilizar, conectar y fortalecer a las mujeres en la gastronomía, desde sus oficios, saberes, territorios y proyectos. Es decir, conectar para que cada una genere trabajo y dinero. No estamos en la gastronomía por adornar mesas. Ninguna de nosotras en solitario tiene la varita mágica, pero sí estoy segura de que sin unión no hay avances, estén éstos registrados en papel o solo cocinándose en algún fogón.
Marzo 2026








