A veces uno no busca el sabor, el sabor te encuentra. Y eso fue exactamente lo que me pasó en pleno barrio residencial en la comuna de Vitacura, bajo un sol que no perdonaba y con media hora libre que no pensaba desperdiciar, apareció frente a mí una hamburguesería de fachada transparente, como si quisiera gritar “aquí se cocina en serio”.
No sé si me ganó el hambre, la curiosidad o el destino… pero entré. Y lo que probé fue una de esas hamburguesas que no solo se comen, se recuerdan.
Bienvenidas y bienvenidos a la reseña de Franklin Klunssen.
Por Terecomiendoalgo
Franklin Klunssen – @franklin_klunssen
El diseño del lugar remite a la arquitectura moderna del siglo pasado como estructuras de acero, seguido de transparencia total, sin adornos innecesarios. Como si quisiera decirnos que acá no se esconde nada, la funcionalidad, la honestidad y lo que pasa dentro son más importantes que cualquier fachada bonita.
Y eso es justamente lo que logra Franklin Klunssen, una arquitectura que comunica, que en vez de impresionar con lo superficial, potencia lo esencial. Porque lo que se gesta al interior es potente y créanme que les va a dar hambre de degustación.
Es maravilloso cómo una hamburguesa puede decir tanto. Pero aquí, se pasaron. Fueron más allá.

Menú en Franklin Klunssen
Antes de hablar del menú, quiero hacerles una pregunta: ¿Qué es una hamburguesa?
Tómense un par de segundos antes de seguir leyendo.
Una hamburguesa, en términos simples, es una porción de carne molida —tradicionalmente de vacuno, cocinada y servida dentro de un pan redondo partido en dos.
Pero para Franklin Klunssen, no es solo carne molida. Es una alquimia de sabores. Pongan atención, porque la variedad de combinaciones (¡solo hablando de la carne!) puede hacerte explotar la cabeza:
Hamburguesa de Punta de Ganso y Médula, de Sobrecostilla con Huachalomo, de Pollo Barriga, de Tapabarriga, de Tapapecho con prieta, de Lomo liso… ¡Una locura!



Yo, como siempre, no supe qué elegir (jajaja, me pasa muy seguido).
Obviamente, además de la carne hay ingredientes como cebolla, lechuga, queso… pero créanme: la estrella es la carne.
Y ahí entendí todo: entendí la fachada transparente, entendí el concepto, porque las mezclas se hacen ahí mismo, a la vista de todos.
¡BOOM!
El sabor… es potente, Todo funciona. Todo encaja.
Cada bocado de carne es un mundo por sí solo. No necesita disfraz, no necesita adorno.
Simplemente sabroso.
Franklin Klunssen no es solo un lugar donde se venden hamburguesas. Es un espacio donde la carne se respeta, se piensa y se trabaja con identidad.
¿Lo recomiendo? Sin dudarlo. Porque acá no se trata solo de saciar el hambre, se trata de vivir una experiencia honesta, sabrosa y con carácter.
Si eres de los que creen que una hamburguesa bien hecha puede marcar la diferencia, este lugar tiene que estar en tu lista, un consejo: Vayan con hambre, con tiempo y con ganas de degustar las distintas variedades que Franklin Klunssen puede ofrecer.
Vayan, es un lugar muy acogedor, en un barrio muy tranquilo, hay una plaza frente al local, todo lo que un barrio puede ofrecer.
Debemos entender que la cocina es honestidad, es identidad y lo que se crea aquí es muy interesante.
¡Nos leemos!




