• El anhelar algo tan esencial como el agua cuando tenemos sed, es similar a cuando tenemos una motivación en nuestras vidas y nos lleva a lograr esa meta que nos proponemos con vehemencia.

Por Germán Vicencio Duarte

Gerente General

HOREKAM

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Seguramente en algún episodio de sus vidas han experimentado verdadera sed, ya sea en un paseo cuando niños o tras una larga caminata bajo el sol, siendo unos adolescentes aventureros, después de haber recorrido varios kilómetros, teniendo su cantimplora o botella totalmente vacía.

Quizás podrán recordar cuáles eran sus sensaciones, imágenes o ideas que cruzaban por su mente y cómo unas “pequeñas gotas de agua” cobraban tanto valor en ese instante y la poderosa fuerza motora que activaron esas minúsculas partículas, inspirándolos a seguir adelante sin rendirse. A pesar de lo adverso que se ponía el panorama y lo dificultoso que se hacía el andar, fueron capaces de sacar el máximo potencial a sus recursos mentales, emocionales y físicos, con el solo propósito de calmar la sed que consumía cada una de sus células.

La necesidad de supervivencia, esa reacción interna que aflora cuando se está frente a una situación amenazante o desesperada y que le permite al individuo realizar hazañas increíbles con tal de mantenerse vivo, es un mecanismo esencial y maravilloso que se cuenta para sobreponerse, no solo a los  momentos complejos y caóticos que nos entrega nuestra existencia, sino también en el diario acontecer, donde necesitamos echar mano a todas las capacidades motivacionales que tenemos para transitar de manera más armónica y equilibrada en cada episodio de nuestras vidas.

Para activar ese tremendo motor que se llama “motivación”, se debe contar con un motivo que sea lo suficientemente potente y sirva de ignición para encender la pasión que nos mantendrá en un rumbo certero, enfilando de manera determinada  hacia donde hemos planeado llegar. Cuando se encuentra el “motivo adecuado”, que se obtiene mediante el impulso de la “inspiración”, aquel que justifica todos los esfuerzos y sacrificios que se entregan para alcanzar una meta o un sueño, la vida comienza a tener “sentido”, una verdadera razón para vivirla plenamente. En su caminata bajo el sol, fue la imagen de esas pequeñas gotas de agua el gran motivo que los mantuvo dispuestos a seguir adelante, perseverar y no claudicar en su afán de saciar la sed.

Todas las actividades que realizamos, las ejecutamos según el nivel motivacional que tengamos; sí el motivo es importante, entonces la dedicación será alta y sostenida, aparecerán entonces pensamientos positivos, los que se reflejarán en la energía y entusiasmo que dedicaremos para sortear, favorablemente, los problemas y obstáculos que se vayan presentando. Las personas más satisfechas con sus vidas, no son las que tienen menos problemas, son aquellas que cuentan con motivos o metas claras que los mueven a la acción: puede ser un proyecto, un pasatiempo, quizás un deporte o el deseo de superarse así mismo.

Eso sí, las metas tienen ciertas condiciones: deben ser alcanzables, medibles y contar con un límite de tiempo. El hacer una huerta en el balcón de su departamento, ya es una meta y de ahí se derivan labores y espacios en torno a su cumplimiento. De partida, el solo hecho de imaginarse los rojos y aromáticos tomates que aparecerán en la mata, ya lo entusiasman y motivan para aprender más al respecto, conseguir las jardineras adecuadas, comprar los mejores almácigos, buscar estacas para guiar la flor, regarlos, desmalezarlos y un sinfín de tareas, para que algún buen día pueda disfrutar en su mesa de su primera cosecha.

Para un montañista, el punto de satisfacción pleno es cuando llega a la cumbre y la reclama como suya, se festeja y vitorea porque se cumplió un anhelo muy ansiado y dedicado. Sin embargo, es el proceso completo lo que uno realmente valora; el que comienza con la aceptación del desafío, el imaginarse en la cúspide, la planificación, la preparación, el ascenso, el manejo del cansancio, el dominio del temor y todo lo que conlleva el recorrido, es lo que trae alegría al espíritu y orgullo personal.

A veces, y más a menudo de lo que uno cree, el solo hecho de tener pensamientos que visualicen la llegada de tiempos mejores, lo mantienen esperanzado y optimista en un futuro más promisorio, por eso, es tan relevante y de urgente importancia tener siempre en nuestra mente la magia de un motivo, una meta, unas pequeñas gotas de agua que nos hagan salir de nuestra zona estacionaria y nos proyecten a continuar disfrutando del viaje, con la seguridad y confianza que llegaremos donde nos hemos propuesto y soñado.

 

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