Por Paulina Sierra, Gerenta General Hoteleros de Chile

 

El fin de semana del 18 y 19 de noviembre representantes de las principales asociaciones hoteleras de diferentes ciudades se reunieron en Nueva York para debatir sobre cómo enfrentar un problema que afecta a la industria hotelera en todo el mundo: el alojamiento turístico ilegal.

Chile estuvo representado por el consultor de Hoteleros de Chile y de Fedetur, Eugenio Yunis, quien fue parte de un intenso debate en el que participaron también líderes gremiales de Buenos Aires, Tokio, Barcelona, Montreal, Londres y Nueva York, entre otros centros turísticos mundiales.

Se trata del primer encuentro mundial de este tipo y permitió compartir experiencias exitosas de cada destino y las medidas para erradicar el fraude y el descontrol en el alojamiento turístico.

Este mismo tema fue debatido y generó gran interés en el último Congreso de Hoteleros de Chile, que se realizó a principios de octubre en Copiapó. Justamente uno de los paneles más comentados fue en el que participaron el experto internacional en regulaciones en destinos turísticos, Alfie Ulloa, y Tomas Kovacevic, representante del Ministerio de Hacienda.

 

Como Hoteleros de Chile, nuestro llamado es a aprobar el proyecto de modernización tributaria del Gobierno, porque éste comenzará a nivelar la cancha entre la oferta hotelera formal y la que ha irrumpido recientemente en los mercados a través de plataformas digitales.

No buscamos la prohibición de la economía colaborativa. Eso debe quedar claro. El objetivo de nuestra industria es asegurar que todas las alternativas de alojamiento turístico que ofrecemos como país, sean seguras, legales y respetuosas con el entorno. Un anhelo que consideramos clave si buscamos potenciar el turismo en Chile, teniendo en cuenta que éste es un sector de gran trascendencia para el crecimiento económico y un importante generador de empleos.

El buen momento por el que pasa el turismo nacional no solo significa más y mejores trabajos, ofertas de servicios, infraestructura y apertura al mundo, sino que también enfrentar los desafíos que implica ser parte activa de un mundo globalizado, como son los cambios que trae la “nueva economía”, basada en la colaboración de los usuarios de bienes y servicios.

En la práctica la oferta informal que representa plataformas como Airbnb, si bien ha traído beneficios a los usuarios, también ha causado problemas y abusos, lo que hace urgente su regulación. Se ha avanzado bastante: somos parte de la mesa de trabajo convocada por la Subsecretaría de Turismo y hemos sostenido reuniones con los alcaldes de Las Condes, Providencia y Santiago para, considerando la experiencia extranjera, encontrar una regulación a través de un pago de impuestos y mayores controles. Además, aplaudimos la decisión del Ministerio de Hacienda de incluir un impuesto del 10% a las plataformas digitales –como Netflix, Spotify, Airbnb y Amazon- que funcionen en Chile.

Lo que exige la industria hotelera es que la oferta de alojamiento turístico sea realmente una alternativa segura, legal y respetuosa con su entorno. Quienes participen en este negocio con sus propiedades deben someterse a las normativas básicas del mundo comercial, tal como lo hacen todas las empresas en Chile y, específicamente, la hotelería. Tienen que regirse por un marco legal mínimo, como es el emitir boletas y facturas a los clientes, contar con una patente comercial emitida por el municipio y dar cumplimiento a normas sanitarias y de seguridad.

Además, deben contar con la conformidad y aceptación de sus vecinos a la operación de servicios de alojamiento, mantener un registro de clientes alojados y, aunque no es obligatorio, certificarse en normas de calidad y sustentabilidad. Hoy eso no sucede y cada vez es más frecuente encontrarse con quejas tanto de los turistas como de los vecinos de los departamentos arrendados vía esta aplicación, que ven con angustia cómo sus edificios se han transformado en verdaderos hoteles informales, ajenos a cualquier tipo de control.

Varias ciudades del mundo han avanzado en la regulación de Airbnb, aunando los criterios tanto a los representantes de esta aplicación y de las autoridades turísticas, como de los municipios y del sector hotelero. En Madrid, por ejemplo, se les exige a lo que ofrecen hospedaje vía Airbnb un certificado de vivienda de uso turístico. En San Francisco, Paris, Amsterdam y Nueva Orleans, en tanto, se establece un tope anual de días en que estas viviendas pueden ser alquiladas a turistas.

Nuestro objetivo es que la industria esté regulada y que todos tengamos reglas claras, para así ofrecerle al turista una buena experiencia y enaltecer nuestra marca país. La meta final es que Chile tenga una oferta turística competitiva, permanente y de calidad mundial.

 

 

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